En el paisaje abierto del interior de Mallorca, una plataforma mineral emerge del terreno para construir un nuevo lugar desde el que habitar el jardín y contemplar la Sierra de Tramuntana.
El basamento emerge del terreno para organizar la vida en el exterior. Sobre él se disponen la piscina, las terrazas y las distintas áreas de estancia, mientras que perforaciones puntuales permiten que la vegetación lo atraviese, diluyendo el límite entre arquitectura y paisaje. Su posición, cuidadosamente alejada de la vivienda, garantiza el soleamiento durante todo el día y orienta la mirada hacia la Sierra de Tramuntana, donde el paisaje cambia con la luz hasta el último instante del atardecer.
Con la vivienda ya construida, la intervención se plantea como una extensión de la arquitectura existente. En lugar de añadir una piscina al jardín, el proyecto propone una única pieza que integra el agua, la vegetación, las terrazas y el paisaje en un mismo gesto arquitectónico. La terraza existente en la vivienda se reconfigura para reforzar la continuidad entre el interior y el exterior, y el diálogo entre la construcción existente y la nueva pieza propuesta.
El jardín se proyecta como una extensión del paisaje existente. Compuesto exclusivamente por especies autóctonas de bajo consumo hídrico, evoluciona con el paso de las estaciones y permite que la arquitectura se integre con naturalidad en el entorno mediterráneo. Mientras que un olivo de gran porte acompaña la zona de estar y comedor, ofreciendo sombra y convirtiéndose en el centro de la vida al aire libre.